Reencuentro con la rica cuñadita

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Conocía a Sandra desde muy pequeña y aunque la había visto crecer nunca me había dado cuenta de que ya no era la niña que había conocido. Su cuerpo alto y delgado se apretaba contra el mío permitiéndome sentir su calor. Podía notar sus pequeños pero firmes senos a través de la tela de las camisetas, como su maravilloso culito empezaba poco más abajo de donde se encontraba mi mano, la proximidad de su pubis, su aroma… tuve que concentrarme para no tener una erección que se hubiera notado a través de mi fino pantalón.
Para distraerme de tales pensamientos, propuse pasar a repartir los dormitorios, pidiéndo al lado de la ventana. El dormitorio era en realidad un altillo en la cabaña cuyo ancho íntegro estaba ocupado por dos colchones de matrimonio colocados sobre el suelo.
-yo quería el sitio de la ventana… se quejó Sandra
-Bueno, pues el siguiente es mío!
La perspectiva de dormir al lado de mi cuñada me hizo resoplar;

Andaba entre mis cavilaciones cuando la voz de Sandra me sacó de ellas.
– Fran! Vas a bajar ya? que quiero cambiarme…
Respiré hondo. En mi cerebro se dibujó su imagen, sus firmes senos… En ese momento se me terminó de cruzar el cable y tras decir que ahora bajaría cogí mi cámara de fotos y la coloqué estratégicamente escondida pero de manera que viese toda la habitación, la puse grabando en modo vídeo y me bajé.
Continué bromeando con los demás hasta que bajó Sandra, esta vez ya en pijama. Sólo de pensar en las imágenes que habría ahora en mi cámara me turbaba, así que no quise esperar más, dije que estaba cansado me subí al dormitorio.
Tomé la cámara y volqué el video en el portátil que llevaba. Dios, ahí estaba ella, ajena a mi intromisión. Se quitó la camiseta y el sujetador dejándome ver su maravilloso torso desnudo, pausé la imagen para poder admirarla en todo su esplendor; los huesos de sus clavículas se marcaban ligeramente y de estos su tersa piel blanca bajaba por dos preciosos senos cuyos pezones por efecto del fresco estaban totalmente erectos,
Volví a darle al play, quería ver que más maravillas me deparaba el vídeo. De nuevo en la pantalla Sandra se incorporó y se quitó los pantalones, sus braguitas moradas me permitieron apreciar perfectamente sus curvas, sus manos se dirigieron a la cintura.

Ahí estaba yo, a punto de descubrir el más íntimo secreto de la anatomía de mi cuñada y únicamente podía pensar en follármela y correrme sobre su senos desnudos. Comenzó a quitarse las braguitas descubriéndome su precioso trasero…
Unos pasos en las escaleras de subida me alertaron, cerré el vídeo y me guardé mi miembro que instintivamente me había sacado. La cabeza de Sandra asomó por las escaleras. Mierda, me había quedado con las ganas de ver el final del vídeo que prometía mucho, no obstante ahora la tenía ahí delante, con los pezones marcándose a través de la fina tela del pijama. Tuve que hacer un tremendo esfuerzo porque no se notase nada.
Tras hablar sobre los estudios un rato nos fuimos a dormir; la tentación más prohibida a solo unos

centímetros de distancia.

Desperté en mitad de la noche, Sandra dormía a mi lado y debido al frío y a la necesidad de compartir la manta se había apretado a mí. Podía sentir su espalda contra mi pecho; su culito, tan cerca de mi… Cerré los ojos y respiré hondo, no debía hacerlo, no debía hacerlo…
Sin poder evitarlo me acerqué más a ella pegando mi entrepierna a su trasero, tan solo dos finas capas de tela nos separaban… decidí que tenía que pasar a la acción porque no iba a tener más oportunidades. Me moví un par de veces enérgicamente para comprobar como de dormida estaba, me incorporé un poco, le retiré el pelo de la cara y le soplé levemente. Como única respuesta ella se giró hacia mí quedándose boca arriba, profundamente dormida. Perfecto.
Con cuidado comencé a subirle la camiseta del pijama descubriendo su anatomía por segunda vez, pero ahora en vivo, en directo y a solo unos centímetros de ella. Tras la tela, mi lengua subió recorriendo suavemente su estómago hasta llegar a sus pechos donde me detuve y me separé un poco para poder recrearme en ellos.
Eran pequeños y firmes, Sus aureolas marrones quedaban perfectamente definidas contra el color pálido de su piel. Acerqué mi boca a ese par de pezones se pusieron durísimos al mero contacto con mi lengua. Me entretuve un rato jugando con ellos, chupaba uno mientras masajeaba el otro
La respiración de Sandra comenzó a acelerarse así que me detuve a observarla temeroso de que se despertase pero nada, seguía durmiendo plácidamente. Sin perder de vista su rostro bajé la mano por su pecho y su estómago hasta meterla por debajo de la goma de su pantalón. Para mi sorpresa, ahora no llevaba. Mis dedos siguieron bajando en dirección a su entrepierna totalmente rasurada y suavemente comencé a acariciarla.
En sueños su rostro fue cambiando a una mueca de placer mientras su respiración se aceleraba aún más y su coñito se humedecía.

Tras jugar un poco con su clítoris, introduje dos de mis dedos por su rajita. Miré un momento más su rostro de placer y me metí bajo la manta. Bajé un poco sus pantalones con sumo cuidado y comencé a lamer su clítoris mientras mis dedos entraban y salían lentamente entre sus labios vaginales. La oí gemir.
Noté como se movía un poco y me aparté rápidamente por si se despertaba (algo que sabía que tampoco me serviría demasiado pues no había demasiada excusa para que ella se encontrase medio desnuda). Ella se giró dándome la espalda por lo que maldije mi suerte porque no podía seguir con tan suculento banquete. Noté su culito junto a mi polla que para entonces ya pedía guerra y eso me terminó de volver loco.
Con cuidado le terminé de bajar los pantalones, saqué mi miembro y lo apoyé entre sus glúteos. Moví lentamente las caderas hacia adelante dejando que mi pene, bañado en una gran cantidad de líquido preseminal resbalase por su entrepierna hasta acabar alojado junto a su clítoris. Pasé una mano por delante y presioné levemente mi miembro hacia su rajita de modo que al moverme sus labios exteriores me hacían una paja que me estaba sabiendo a gloria. Seguí frotándome un rato hasta que sentí que de continuar me acabaría corriendo y manchando toda su entrepierna.
Eché mis caderas un poco más hacia atrás y ayudándome con la mano presione contra la entrada de su coñito. Noté como poco a poco este se iba abriendo para mi y mi polla iba invadiendo su interior. Involuntariamente ella movió una de sus piernas permitiéndome un mejor acceso y lentamente se la metí hasta el fondo. Permanecí así unos instantes, sintiendo el éxtasis de notar el calor de su vagina envolviéndome y comencé a moverme poco a poco. Su respiración se volvía cada vez más agitada y la lentitud de la penetración no evitó que progresivamente fuese notando como me acercaba al orgasmo.
Decidí jugarme el todo por el todo y aceleré un poco mis movimientos; sabía que ella tomaba la píldora anticonceptiva para regular la menstruación así que no habría ningún problema. Estaba a punto de terminar cuando noté que el cuerpo de Sandra se tensaba y sus paredes vaginales apretaban mi polla en un maravilloso orgasmo. En ese momento, sin poder evitarlo estallé en su interior llenándola con mi semen en una de las mejores corridas que he tenido en mi vida. Me quedé unos instantes más en su interior y cerré los ojos recreándome con lo que acababa de suceder.
Abrí los ojos de pronto, la luz de la mañana entraba ya lo cual me asustó por si Sandra se había despertado, ella seguía dormida a mi lado.

A la altura de mi verga noté algo húmedo en mi pijama, me había corrido y lo había hecho de tal modo que mi semen había traspasado la tela y había manchado los pantalones de Sandra a la altura de su culito que aún estaba apoyado contra mi.
Me di la vuelta para evitar ponerme arrecho de nuevo y me tranquilicé, bueno si alguien preguntaba, había tenido una eyaculación nocturna, pero eso no era culpa mía.

Galan de yunsa

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