HIJA, MADRE Y ABUELA

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Hola a todos y todas.

Hace muchos meses que leo las historias de Vds. Y por fin de me decido a con una historia que le paso a mi familia.

Esto empezó cuando yo tenía unos 15 años. Vivía con mi madre, que tenía unos 55 y con mi abuela con casi 90 años en un pueblito muy pequeño y pobre de Bolivia. Como en casi toda Sudamérica, ni mi padre, ni mi abuelo quisieron saber nada de criar a sus hijos y las tres vivimos solas hasta que llego Daniel a nuestras vidas.

Cuando le conocimos el tenia unos 50 años y era un hombre viudo bien acomodado que pasaba sus vacaciones en una ONG de la zona. Sin entrar en detalles, se quedo prendado de mi madre, que no era una belleza, pero con unos pechos grandes y redondos, que le enamoraron. Se estuvieron viendo durante unos meses y eran la comidilla del pueblo.

Un día, después de comer, nos sentamos los cuatro a tomar mate y café. Yo no, claro. Y Daniel le dijo a mi madre:

– Mira Rosario, sabes que te adoro. Y que cuando tú quieras me casare contigo. Naturalmente iremos a vivir a mi hacienda, que esta en Brasil.

– Eres un cielo, yo también te quiero mucho, ya lo sabes, pero….

– Ya se lo que me vas a decir. Por su puesto tanto tu hija como tu madre se vendrán a vivir con nosotros. Pero hay una condición que os tengo que poner a las tres.

– Por eso estate tranquilo, cariño, no te causaremos ningún trastorno. Ni te darás cuenta de que estamos allí.

– Al contrario, Rosario. Lo que deseo es darme mucha cuenta. Me explicare. La casa que he mandado construir mientras nos veíamos tiene un solo dormitorio, muy grande, pero solo uno.

– No entiendo.

– La condición que os pongo a las tres es dormir con vosotras en la misma cama. Es muy grande, hay sitio para todos. Y no solo quiero dormir con las tres. Quiero follaros a la tres. Y que me hagáis lo mismo.

Mi madre estaba estupefacta. Hacia meses que le conocía, pero jamás se habría imaginado eso. No tenía palabras. En cambio, mi abuela Natalia lo miraba con ojillos brillantes. Jamás se habría imaginado, a su edad, volver a tener sexo. Y menos con alguien tan joven. Mi madre miro a mi abuela y a Daniel de seguido. Si, dijo el con un gesto. Y después muy despacio, me miro a mí.

– Ella también?

– Si, pero solo cuando este preparada y me lo pida. Sino, no pienso tocarla.

Sonaba extraña tanta delicadeza de alguien que nos había hecho semejante propuesta. Pero cada uno tiene sus principios, eso lo he aprendido con el tiempo. No dijo que teníamos tiempo de pensarlo y hablar entre nosotras. Volvería a la semana siguiente a por la respuesta.

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